Entrevista a Ricardo San Vicente, traductor de «Voces de Chernóbil»

Entrevista a Ricardo San Vicente, traductor de «Voces de Chernóbil»

Para quien no lo sepa, Ricardo San Vicente es una de las figuras más importantes para la difunsión y el conocimiento de la literatura rusa en el mundo hispánico. Es traductor de los clásicos de Tólstoi, Chéjov y Dostoievski, por mencionar solo algunos, además de traductor de la Premio Nobel de Literatura Svetlana Aleksiévich.

Además, es catedrático en la Universidad Autónoma de Barcelona y profesor de literatura rusa y de traducción literaria. Aunque retirado desde hace un par de años, esta eminencia y difusor de la cultura y las letras esconde una vida cultural apasionante y un rumbo profesional que le ha enmarcado como uno de los eslavistas hispánicos más importantes del siglo xx y xxi.

Vasco de origen, catalán de residencia y ruso de nacimiento. Sus padres fueron dos de los niños enviados por la República a Rusia en 1936 para ahorrarles la Guerra Civil.

 

Artículo de La Cadena Ser: Los niños de Rusia.


Españoles enviados a Rusia durante la República para ahorrarles la Guerra Civil

Hoy me siento muy feliz de poder entrevistarle y hablar de traducción, literatura y cultura de la sociedad soviética. Eso sí, por cuestiones de la pandemia, la conversación ha tenido que ser a través de una llamada telefónica en la que felizmente hubiera faltado brindar con dos chupitos de vodka.

 

Aquí el reflejo de esta eminencia.

 

1. Usted es el traductor al español de «Voces de Chernóbil» de la Premio Nobel de Literatura, Svetlana Aleksiévich. Este se publicó por primera vez en 1996, aunque no ha sido hasta estos últimos años cuando ha ganado un creciente interés. Cuéntenos qué supuso para usted poder traducir esta obra.  

Bueno, la temática que siempre me había preocupado y entre los libros que proponían las editoriales estaba también la obra. A decir verdad, esta me llegó de golpe como ocurre muchas veces. Había una editorial, Casiopea, que me permitió hacer varias revisiones, fue allí donde apareció la primera edición en el año 96, diez años después de la fecha de la castástrofe. Luego la cosa se apagó y al cabo de un tiempo creció de nuevo el interés por el libro y hubo otra edición. Y ya en el 2015 con el Premio Nobel se publicó la 3.ª edición, lo que me ha permitido revisar también a la autora, sus propias grabaciones y comentarios. Además de esto, desde hace tiempo he tenido un interés personal por las obras de Aleksiévich, más que nada por el contexto de la literatura documental, con los referentes de otros escritores que conocí o leí y hacen referencias a la Gran Guerra Patria que recogió muchos de esos testimonios. En ese contexto, ella es disicípula de Ales Adamóvich, autor que escribió sobre el bloqueo de Leningrado, y en ese sentido desde los 80 me empecé a interesar por la obra de él y por extensión por Aleksiévich.

 

Svetlana Aleksiévich, Premio Nobel de Literatura 2015.

 

2. ¿Por qué cree que a día de hoy el tema de Chernóbil sigue ganando tantos adeptos?

El tema de Chernóbil se envolvió en el desastre de la URSS, y, por otro lado, intereses económicos y técnicos intentaron encerrar este episodio como excepción soviética. De hecho, hubo muchos aspectos excepcionales, no tiene nada que ver con Fukushima… justamente hoy he leído que hay una nube radioactiva que está circulando por el norte de Europa y que muy probablemente venga de Rusia. Actualmente tenemos suficiente información como para saber el peligro real en esas centrales «tan seguras», pero el 1 % de posibilidades de que pueda acarrear situaciones anómalas ya engendra repercusiones e incluso los ingenieros y especialistas en energía atómica han afirmado que las consecuencias serían de dimensiones incomesurables. Yo creo que en ese momento se logró apaciguar. En Alemania, Francia o España existían centrales atómicas que no se podían detener porque representaban la energía de esos países, pero actualmente, la cosa está más clara. Y a raíz del Premio Nobel, esa obra, como todas las demás, ha recibido una relevancia que hasta entonces no tenía.

 

3. De hecho, ha sido el primer libro traducido al español de esta autora. ¿Cómo le llegó el encargo? ¿Alguna dificultad con respecto a la traducción de la obra de Aleksiévich?

A veces vas proponiendo cosas y de repente salen por otro lado. En este caso sucedió igual. No quiero arrogarme ningún mérito, una editorial pequeña de vida efímera como fue Casiopea fue la que en determinado momento se interesó por el libro, y fue en ese momento cuando yo contacté personalmente con la autora y ahí empezó la cosa. Básicamente entre los muchos proyectos e intenciones que tenía este era uno de ellos y me alegré mucho de que apareciera.

Y en el sentido de la traducción, la gran dificultad de Aleksiévich, que también se extiende en general a la literatura rusa, es que la oralidad está muy presente. El lenguaje oral tiene sus complicaciones y ella nos traslada al papel los testimonios orales de una serie de gente. Yo tengo la sospecha infundada, por lo que he hablado con ella, de que ella en parte redactó los textos, ya que creo que detrás hay un proceso de redacción, cosa que al traductor le facilita mucho las cosas. Ella hace una primera traducción del lenguaje oral al escrito, aunque esa oralidad esté constantemente presente. Pero todo eso es la verdadera dificultad. Y bueno, obviamente el conocimiento necesario para traducirla. Mi padre era ingeniero, yo también tenía estudios técnicos y me informé bastante también, leí obras relacionadas con Chernóbil o con la energía atómica, pero bueno, eso va en el sueldo del traductor, cuando traduces algo tienes que documentarte sobre el tema. No siempre ocurre, pero en este caso sí, de hecho, es una de las eternas discusiones con mi padre, el cual me repetía: «La energía atómica es 100 % segura». Él estuvo trabajando en Vandellós o en Ascó como ingeniero hidráulico, reivindicaba la seguridad y técnica por encima de cualquier tipo de opinión o evidencia… y eso me obligó a informarme al respecto.

«Es una de las eternas discusiones con mi padre, el cual me repetía: «La energía atómica es 100 % segura»».

Ricardo San Vicente, traductor de «Voces de Chernóbil».

4. Otra de las obras más conocidas de la autora es El fin del Homo Sovieticus, la cual nos adentra en la civilización soviética. ¿Qué caracterísitcas comparte la sociedad que vivió durante la época de la Unión Soviética?

Esa es una pregunta que llevaría a una larga explicación. Ya en el 18 hay una conciencia por parte de la sociedad rusa que veía en el zarismo una experiencia totalmente arcaica con respecto al desarrollo social del resto de Europa. Por eso la revolución representó un intento de acercamiento a la realidad europea, como un gran salto a la modernidad, pero enseguida, como sucedió luego con la perestroika, la sociedad comenzó a recuperar todos los rasgos de la sociedad anterior, en la cual el autoritarismo e incluso el despotismo era la norma. La percepción de la gente como esclavos o súbditos, como un sentimiento generalizado en el cual la gente no sabe muy bien lo que quiere y «yo le voy a enseñar el camino correcto hacia la felicidad», o «hay gente que no quiere ser feliz pero yo lo haré a la fuerza». Esas características aparecen ya en el año 18, la ignorancia de la libertad como un elemento fundamental de cualquier contrato social se perpetúa en la sociedad soviética sin que desaparezcan sus valores románticos y progresistas. Por eso hacía el símil del 18, porque realmente estaban construyendo un mundo nuevo que les alejaba de ese pasado.  Toda esa actitud, por ejemplo, está tan presente en la sociedad soviética que se traslada a mis padres y a los soviéticos que vivieron allí.  Eso que a nosotros nos puede parecer aberrante en la URSS se daba, y de hecho lo sigues leyendo, la realidad soviética de los años 20, 30, 40, 50, una vida miserable con unas dificultades que ninguna sociedad de nuestro entorno ha conocido pero que sigue siendo fiel a su proyecto. Ahora estaba leyendo en Facebook el horror con el que observaban los alemanes la miseria en la que vivían los soviéticos cuando los invadieron; de hecho, no entendían cómo podían resistirse con tanta virulencia, cómo una gente que vive en unas condiciones tan miserables puede responder de forma tan suicida. Esa contradicción es irresoluble, solamente la pueden entender los que a veces, a través de la literatura, nos lo trasladan, esa especie de construcción heroica de un mundo mejor dentro del caos, la miseria y la represión.

 

5. Entonces, ¿podríamos decir que su personalidad quedará por siempre marcada?

Yo no lo sé, la verdad es que hace tiempo que no viajo, pero yo creo que ha sucedido algo parecido lo que pasó aquí con el franquismo, que tal vez ahora, en los últimos 10 años, ha empezado una reconsideración de lo que es la URSS, pero hubo una época de silencio y olvido con la excepción de algunos escritores o intelectuales que de repente se vieron en la más triste miseria. Lo que yo sí entiendo es que una persona que ha construido su vida con un proyecto de pronto desaparece, se queda mirando hacia atrás pensando: «¿qué sentido ha tenido mi vida?» y su única posibilidad ha sido la de narrarlo. De hecho, hay muchísimas memorias y recuerdos que están apareciendo ahora y que contrastan con el silencio de sus padres, exactamente igual que nuestros abuelos con la Guerra Civil durante la cual muchos callaron, les parecía una experiencia tan difícil y peligrosa de narrar que simplemente se la llevaron a la tumba.

«Lo que yo sí entiendo es que una persona que ha construido su vida con un proyecto de pronto desaparece, se queda mirando hacia atrás pensando: «¿qué sentido ha tenido mi vida?»»

Pero lo que realmente perdura que estamos viendo con este pseudoreferendum es esa misma cultura soviética, esa obediencia ciega y esa ausencia del orgullo y el peligro de ser libre es lo que podríamos decir que los caracteriza, algo que además se vive actualmente. También es una sociedad muy heterogénea y hay de todo, pero el resultado de las votaciones no es el reflejo de lo que hay, o al menos, no queremos que sea el reflejo de lo que la literatura cuenta.

 

6. Como muchos saben, la traducción literaria es una de las más complicadas por la necesidad del autor de adaptarse a cualquier temática y ser fiel al estilo del autor. ¿Qué dificultades destacaría de la literatura rusa?

Trasladar una civilización a otra tal vea sea lo más complejo. Puedes trasladar los términos, las ideas, pero esa atmósfera, esa cultura en la que ha vivido el escritor y que le ha permitido construir su obra es lo realmente lo dificil de trasladar. Yo creo que hasta cierto punto es imposible, porque yo creo quede hecho uno se encuentra constantemente con el hándicap de la lengua de destino, de la cultura, cuanto más alejada sea esa cultura o historia o país, culturalmente hablando, más difícil será trasladar sus realidades. Por ejemplo, cuando Chéjov cuenta que de repente llegó el invierno y la temperatura bajó de cero grados y la gente salió a la calle, es algo que los de aquí pensarían «¿Con ese frío?», y ahí es cuando tienes que poner una nota diciendo que el barro, la lluvia, y la humedad no son el mejor ambiente para que una persona se mueva, y el frío, cuando baja de 0 º C, lo congela todo. Si ya es difícil trasladar una realidad a otra, imagínese el término maróz, del frío bajo 0; tienes que hacer circunloquios y construcciones complicadas para trasladar al lector esa idea que ni siquiera aquí existe. Además, es una literatura muy marcada por elemento psicológico. Cuando hablamos de «el pobre personaje está deprimido» en la literatura rusa son 10 páginas de descripción, ya que felizmente no existen los términos en español. Otro aspecto fundamental es esta especie de voluntad constante de remitirse a la realidad, todo esto hace que trasladarlo sea ciertamente complicado, pero yo creo que eso casi no le compete tanto al traductor sino a la sociedad, es decir, el traductor acerca una realidad, pero es el lector, como interesado por esta, es el que tiene que conocerla.

Ricardo San Vicente es catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, traductor literario y profesor de literatura rusa.

7. Imagino que conocerá la serie de HBO «Chernóbil», la cual está basada en esta misma obra. ¿Contaron con usted para el guion de la adaptación cinematográfica? ¿Cómo fue el proceso?

Totalmente ajeno, fue un proyecto americano o inglés, no recuerdo bien, pero de hecho no han contado ni con su autora. En un momento determinado le pidieron permiso, pero luego no le consultaron para nada, ni en los créditos aparece. No obstante, no me parece una mala versión, aunque el personaje del ingeniero es ficticio, lo transforman mucho. Para mí, «Voces de Chernóbil» pertenece a un lejano pasado, la última edición que le revisé que estaba más o menos bien hecha fue la de la última editorial, de Random House, pero la leí en diagonal. Pero sí, toda la historia es fiel.

 

«En un momento determinado le pidieron permiso, pero luego no le consultaron para nada, ni en los créditos aparece»

 

8. Ya no está la especialidad de Filología Eslava en la universidad. ¿Cree que las humanidades van a peor? ¿Qué podríamos hacer al respecto?

La verdad es que no lo sé, en sociedades más cultas como la francesa o la inglesa se considera la filología como una materia realmente relevante para cualquier persona, ya sea un médico, o un político o un ingeniero. En Alemania el griego fue duramente mucho tiempo obligatoria y era la materia que permitía a los estudiantes acercarse al pasado de Europa y el latín a las lenguas. Son estas dos las que realmente constituyen las dos patas de nuestra cultura, y no ha sucedido así en España en la misma medida. Cuando nos encontramos en una situación económica el dinero cuenta más que cualquier otra cosa. Ahora hemos descubierto que tal vez la medicina sea una especialidad interesante, de pronto, descubrimos la sopa de ajo, pues lo mismo sucede con otras materias, pero no con las filologías. ¿Por qué? Porque quizás tampoco hemos hecho lo suficiente, no lo sé. En ese marco, la eslava, prácticamente también desaparece de nuestro campo. Generalmente siempre hubo un interés por la filología eslava por cuestiones coyunturales de orden político, con el deshielo, luego con la perestroika, etc., pero luego vinieron los males de Chechenia y otras historias, y se fue apagando este interés. La gente también responde a estímulos muy primarios, eso es lo que recibe el lector y le produce un rechazo que se extiende a otros ámbitos.

 

9. ¿Qué consejos le daría a una estudiante de ruso que aspira a ser traductora de ruso algún día? ¿Un camino imposible?

 No, imposible claro que no, pero es un camino secundario. Como he comentado siempre con los estudiantes en las ocasiones en que me han dejado hablar sobre mi condición de traductor, yo soy traductor y he traducido lo que he podido gracias a que soy o era profesor de literatura rusa, y he tenido un sueldo de profesor, entonces es lo que me ha permitido dedicar mis horas libres a traducir. Por eso le digo, que lo que tiene que conseguir es una profesión. Tampoco hay que olvidarse del ruso y leer, leer y leer. De hecho, una de las ventajas de la cultura rusa es que lo tiene prácticamente todo en abierto, entonces si uno entra en la página del salón de lectura puede encontrar mucho, y además luego los escritores están muy agradecidos cuando te mandan sus obras, porque, de hecho, si viven de algo es de las traducciones a otras lenguas. Leer, leer y castigar duramente a los editores, proponiéndoles proyectos, de los cuales a veces alguno prospera y la mayoría quedan en nada. Y por supuesto traducir aunque sea como práctica.

 

«Leer, leer y castigar duramente a los editores, proponiéndoles proyectos, de los cuales a veces alguno prospera y la mayoría quedan en nada»

La miniserie de HBO, «Chernóbil».

10. Su vida personal es apasionante. ¿Sigue teniendo algún vínculo con Rusia? ¿Cómo recuerda aquellos años en la URSS?

Sabe lo que ocurre, con la emigración pasa mucho, que los padres te cuentan tantas veces tu pasado y tu infancia, que finalmente ya no sabes muy bien si lo que recuerdas es tu recuerdo o si la ardilla que giraba en la casa de la vecina es un recuerdo de tus padres. Especialmente, mi madre mayor ahora, nuevamente me rememora todo lo que es mi infancia. La verdad es que no la recuerdo ni demasiado feliz ni infeliz, más bien feliz, aunque sí que me acuerdo del trauma del viaje, la llegada a España que era como una especie de paraíso, de praditos y florecillas, y ver la realidad era muy distinta: mujeres vestidas de negro, la lluvia… Llegamos al País Vasco y hacía más frío que en Rusia, y la ropa estaba menos acondicionada que allí. Recuerdo la decepción de mis padres que se traslada a los hijos… esos primeros años en España fueron especialmente amargos.

 

«Llegamos al País Vasco y hacía más frío que en Rusia, y la ropa estaba menos acondicionada»

 

Photo by Alexander Smagin on Unsplah

 

11. Podríamos decir que tuvo un choque cultural.

Sí, sí, además estuve en el País Vasco un tiempo y después me trasladé a Barcelona y aquí me encontré con el castellano. Mis padres me hablaban en ruso, luego el catalán, después fui a una escuela francesa, con el francés, y eso todavía me hizo la vida… Vamos que no me quedé mudo de milagro (se ríe). Pero bueno, eso es lo que tal vez… obviamente lo positivo de esa experiencia es que entendí que hay muchas maneras de decir las cosas en diferentes lenguas.

 

12. Le enriqueció lingüísticamente sin lugar a dudas. ¿Sigue teniendo algún vínculo con Rusia?

Durante mucho tiempo hice bastantes viajes a Rusia, conocí a escritores, traductores, profesores… La universidad de Barcelona tenía un convenio con la Universidad de San Petersburgo, y eso también me permitió conocer a profesores y enriquecerme académicamente hablando. Casi cada año viajaba hasta el 2005, a partir de ahí luego fui espaciando mis visitas, y actualmente por cuestiones de salud y porque ya no me atrae mucho no lo visito. Por otro lado, muchos de mis conocidos se han ido muriendo, y también eso no ha contribuido a volver… Podría ir a visitar a mis exalumnos al Instituto Cervantes, pero no sé muy bien si ellos estarían muy contentos de verme (se ríe). En fin, es un país que también ha desaparecido. Yo era bastante de la experiencia soviética, y se ha ido transformando en una realidad ajena a la mía actual. Por otro lado, los medios o internet nos permiten conseguir información o también por esos exlaumnos que te traen los libros. Hoy en día lo puedes conseguir todo ahorrándote ese viaje de excursión. Recuerdo que viajaba con la maleta vacía y volvía con la maleta llena de libros o revistas de cosas que ahora puedes conseguir fácilmente.

Y hasta aquí una historia interesantísima, el pañuelo de la vida que une culturas y enlaza historias hasta nuestro presente.

 

2 Comentarios
  • Suyai Escobar
    Publicado a las 17:37h, 22 julio Responder

    ¡Excelente! Muchas gracias por compartir tan bella historia. ¿Hay una segunda parte de esta maravillosa entrevista?

    • Mari Luz Sáez Cano
      Publicado a las 20:51h, 23 julio Responder

      ¡Muchísimas gracias! 🙂
      De momento no hay segunda parte, pero prometo seguir subiendo entrevistas interesantes.
      ¡Un abrazo!

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