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Language Blogger from Spain

EXTRAVAGANZA

¡Hola! Ya que has llegado hasta aquí, voy a presentarme. Soy Mari Luz Sáez, traductora de inglés, francés y catalán a español, además de profesora de inglés y español para extranjeros (ELE). A día de hoy, compagino el mundo de la docencia y de la traducción con el de la redacción de contenidos publicitaria, ya que desde bien pequeñita me gusta escribir historias para después coleccionarlas. Además, hace poco decidí lanzar mi propia agencia de marketing y comunicación para poder ofrecer toda la ilusión y las ideas que no me cabían en el pecho hasta ahora. ¿Quieres saber más de mí? Te invito a seguir leyendo.

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Todo empezó cuando tenía nueve añitos. Lo mismo me ponía a inventar historias en papel que las creaba yo en un improvisado baile. Aunque, a decir verdad, también podía montarme yo sola mi propia película protagonizando a una oscarizada actriz.

—¿Qué quieres ser de mayor?

—¿Cómo de mayor?

Pues depende de la etapa. Hubo un tiempo en que mis coreografías en ballet y en funky dieron tanto fruto que mi profesora de baile me aconsejó probar suerte en el Conservatorio de danza de Valencia. Tras pasar una prueba en la que nos tuvieron como ovejitas apiñadas bailando a lo Billy Elliot, empecé mi carrera en la danza.

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Carrera que duró dos meses. Sí, me gustaba bailar; sí disfrutaba mucho, pero no para dedicar mis próximos diez años a ello. Demasiado pronto para apostar por mi futuro.

Después vino mi etapa más zen. La etapa en la que creaba historias y las almacenaba. De una exitosa cantante y bailarina pasé a la tranquilidad y el sosiego de una bibliotecaria.

—¿Qué quieres ser de mayor?

—Bibliotecaria.

—¿Para qué?

—Para guardar libros.

—Espera, espera, espera. ¿Y qué pasó con el baile? ¿Lo abandonaste?

Solo profesionalmente, aunque ese punto de inflexión me cambiaría para siempre: de estar brincando al son de la música a estar sentada durante horas rodeada de libros y diccionarios. El caso es que mi madre lo tuvo claro: «Pues si no quieres ir al Conservatorio, te apuntaré entonces a inglés». Bendita decisión. Como si hubiera escarbado muy dentro de mí y hubiera encontrado mi vocación. Ya ves, toda una visionaria para aquel momento en que los idiomas empezaban a cobrar vida.

Y así comencé mi etapa más profunda en el estudio de esta lengua. Con un toque muy irlandés. Un toque que acariciaba el mundo de los libros. El amor por leerlos y escribirlos. Papel y boli, lápiz y cuaderno, et voilà. Además, he de confesar que parte de la culpa por el amor a este idioma y a los libros se la debo a la saga de Harry Potter.

—¿Qué quieres ser de mayor?

Aquí fue cuando cambié mi respuesta.

—De mayor quiero ser una exitosa escritora de novelas como J.K. Rowling.

—¿Pero no crees que ser escritora es muy arriesgado y necesitas tener mucha imaginación?

—Entonces tendré tanta imaginación como J.K. Rowling.

Al menos con catorce años pude saborear años la emoción de ser una de las ganadoras de un concurso de literatura que proponían en el ayuntamiento de Valencia. Literatura y mujer, se llamaba. Terminar la continuación del libro Donde el corazón te lleve de Susana Tamaro fue a la vez un pasatiempo y un reto.

Pero inmediatamente después me fijé en mis estudios de inglés en el centro donde estudiaba. Mis profesores, en su mayoría irlandeses, estaban dando clase de su lengua materna. Inglés, otro país… Qué bonito, ¿no? Empecé a amar tanto esta lengua y su cultura que mi sueño de ser escritora se entremezcló con el de…

—¿Qué quieres ser de mayor?

—¿Cómo se llama eso que das clase de tu idioma pero en un país extranjero, por ejemplo en… Inglaterra?

—¿Profesora de español para extranjeros?

—¡SÍ, ESO!

Eso. Con diez años. Y no sabéis hasta qué punto me gustaba.

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Después de esta obsesión pasión, no es de extrañar que desde bien pequeñita tuviera claro que me quería dedicar a los idiomas. Después de esto vino el francés avec plaisir, y después, el alemán.

—Mamá, quiero aprender alemán.

—¿CÓMO?

Incluso cuando nadie apostaba por mi capricho. Pero lo más importante de todo es que con el estudio de las lenguas empecé a tener autonomía a la hora de estudiarla. Fue en esta época cuando empecé a adquirir las técnicas para aprender más rápido a través de la creación de listas y glosarios. En mí ya se iba formando un espíritu traductor, un espíritu cuyo mundo pertenecería siempre al de los idiomas. Llegué, incluso, a convertime en mi propia orientadora académica, ya que a los trece años empecé a indagar las ofertas formativas y las posibilidades profesionales.

Pero los sueños no acabaron ahí. En el verano de 2009 tuve la suerte de pasar un mes de estudio en casa de una familia irlandesa. El sueño de mi vida lingüística. Os mentiría si os dijera que no me fui a Ballybrack (Dublín) con la mochila cargada de miedos, aunque también dejé un espacio para las ilusiones. Ilusiones en vivir mi primera aventura sola por el mundo y haciendo lo que más me gustaba: aprender. Y la experiencia mereció la pena, concretamente porque supuso un punto de inflexión. Allí conocería a un traductor que, sin saberlo, me marcaría los pasos para mi futuro.

Y así, con todo esto y más, fui dándome cuenta de que lo que había estado haciendo era traducir por el mundo. A lo largo de mi recorrido me fijé en cada palabra, frase o expresión que no entendía, que me gustaba o que resultaba fácil de traducir, ya fuera en inglés o francés, y la iba apuntado en un bloc de notas para su posterior traducción. Sentía la necesidad de aprender todo lo que se me cruzaba por el camino, anotarlo rápido para no olvidarlo y seguir observando el mundo. Y que me perdone María Moliner, pero ese bloc se ha convertido a día de hoy en mi propio glosario-diccionario.

No es de extrañar que poco después tuviera claro el nombre de mi futura carrera: Traducción e Interpretación. El sueño de pequeña que se transportaba a la ciudad de Castellón cada mañana en tren. Allí viajé con mis ilusiones y mi sueño a las seis de la mañana. Sí, en ambos sentidos, lo del sueño digo.

Fue en esta época de viajes diarios donde pude cumplir uno de mis sueños más esperados desde pequeña: vivir una temporada en Londres. Aunque vivía a una hora en tren desde Guildford (Surrey), mi sentimiento estaba cerca de la capital británica. Allí pasé medio año en el que pude descubrir los rincones que tanto me había estudiado en las guías años atrás. Rehuí de las reuniones de grupos de estudiantes en las que pasaban de refilón por los dos o tres lugares más importantes. Londres estaba repleto de ellos. Aquello era mucho más que el Big Ben. Así era yo de extravagante o estrafalaria. O quizás las dos cosas, pero el caso es que así pasé mi Erasmus. De una forma atípica cumpliendo el sueño. Pero el sueño de verdad, no el universitario.

Al terminar la carrera, conseguí poder hacer mis prácticas en la Ciudad de la Justicia de mi ciudad, Valencia, experiencia que me encantó. Y con eso terminé una etapa académica acompañada de Renfe, una de mis mejores amigas.

Los sueños seguirían materializándose en la ciudad que me vio nacer.

—¿Pero tú no decías que querías ser profesora de inglés aquí en España?

—No mamá, era al revés.

—Pero ahora eres profesora de español en España.

—Da lo mismo, eso es porque no valoraba el sol lo suficiente.

Pobre madre. Menudo atropello mental. Es normal, aunque siempre hubiera tenido claro el objetivo, fueron muchas las vueltas que tuve que dar para encontrarlo.

Y así, con toda esta historia, fue como pasé de querer dar brincos por el mundo al son de la música a querer que fuera el mundo el que se viera reflejado en el papel. Quizás si hubiera decidido continuar con la danza este blog nunca hubiera nacido. O sí. Quién sabe.

by Mari Luz